Raymond Pettibon: Biografía, Obras y Exposiciones

Exposiciones - Thu, 29/09/2022 - 11:58

Los dibujos y murales de Raymond Pettibon gritan en silencio, clamando por el despertar de la sociedad. Su trabajo no busca influenciar a la sociedad, sino mostrar sus propias reflexiones y dejar su interpretación al espectador. Su universo, nacido de la cultura popular norteamericana, es hoy uno de los más influyentes del arte actual. Autodidacta, dibujante compulsivo y cronista y crítico social, Pettibon utiliza una de las técnicas más tradicionales que existen (la tinta sobre papel) para hablar de la sociedad del siglo XXI.

Una obra, múltiples voces

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Raymond Pettibon en su estudio de Manhattan. Foto: George Etheredge para The New York Times. En nytimes.com

  

“Si hay una voz, es múltiple. Incluso dentro de una misma obra”. Estas palabras de Raymond Pettibon son un magnífico resume de su trabajo: un compendio de voces, disciplinas, mensajes y técnicas que reflejan de forma certera el estruendo del mundo actual. Autodidacta, dibujante compulsivo y cronista y crítico social, Pettibon utiliza una de las técnicas más tradicionales que existen (la tinta sobre papel) para hablar de la sociedad del siglo XXI. Si bien sus referentes pasan por Francisco de Goya, Edward Hopper, William Blake o John Sloan, sus dibujos y murales reflejan estereotipos norteamericanos, iconos de la contracultura y seres bestiales o mitológicos. Todos ellos, personajes que conviven en escenarios caóticos y ordenados al mismo tiempo. Son imágenes que confrontan al ser humano con la inmensidad de la naturaleza, pero también con el poder omnipresente de los gobiernos, los totalitarismos, el colonialismo feroz y las intervenciones políticas y militares de su país, Estados Unidos, en el resto del mundo. Aunque hoy sus obras alcanzan cifras millonarias, Pettibon continúa siendo una voz crítica en el arte; una voz múltiple, que repite esos mensajes incómodos que es necesario escuchar.

 

Primeros años. California y la cultura punk

Los escenarios de la infancia de Raymond Pettibon (Tucson, 1957) se circunscriben a Hermosa Beach, una localidad costera de California. Allí pasa su infancia dentro de una familia convencional: su padre era profesor de inglés (y escritor de novelas de espionaje en sus ratos libres), y su madre, ama de casa. El futuro artista nace con el apellido Gin, y es precisamente su padre quien le pone el sobrenombre Pettibon (“buen pequeño”, en francés): un apodo que adoptará durante toda su trayectoria artística. Tras los años de instituto, en 1974 ingresa en la UCLA para estudiar económicas; es entonces cuando empieza a publicar en la revista de la universidad algunas de las viñetas que llevaba dibujando desde su infancia. Sin formación artística alguna, Pettibon desarrolla su vocación de forma autodidacta: se inspira en productos de la cultura popular, como los cómics o las series y películas animadas. “Cogí mi estilo de los comics porque no soy el puto Miguel Ángel, ¿vale?” Con estas palabras, Pettibon reafirma sus orígenes y marca el origen de su imaginario plástico. Con 19 años se gradúa y empieza a trabajar como profesor de matemáticas en institutos de enseñanza secundaria, siguiendo la estela de su padre.

 

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Punk Flyer: The Subhumans at Polish Hall (1981). En artsy.net

 

Durante esos años, Pettibon continúa dibujando viñetas de forma compulsiva, desarrollando un estilo que se mantendrá fiel a la línea y la tinta durante toda su trayectoria. En aquella época su hermano pequeño, Gregg Gin, funda una banda protopunk, Black Flag (nombre sugerido por el propio Pettibon), considerada hoy un grupo de culto. Al mismo tiempo crea también una discográfica, SST, para la cual el artista diseñará el logotipo de la banda: cuatro bloques negros verticales, inspirados en unos pistones. Sus viñetas servirán también como carátula para los discos de las bandas, y se convertirán en flyers; Pettibon produce dibujos y escenas por centenares, una práctica que mantiene también en la actualidad. En aquella época, la escena artística norteamericana empieza a ser ocupada por una generación que rechaza el concepto de la credibilidad y cuestiona su entorno: empiezan a sonar nombres como Ed Ruscha, John Baldessari y Paul McCarthy, entre otros. Muy pronto, el de Raymond Pettibon empezará a destacar.

 

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Black Flag at Vex (1983). En moma.org

 

Textos que crecen: Sonic Youth y las primeras exposiciones

 

Durante esta década, Pettibon continúa produciendo imágenes a un ritmo vertiginoso. Los flyers para publicitar conciertos de distintas bandas continúan produciéndose, pero su trabajo artístico empieza a experimentar un cambio sutil. Los textos comienzan a ocupar más espacio y a destacar por su importancia: las múltiples voces de su obra pugnan por expresarse. En línea con la obra de artistas como Roy Lichtenstein o Tom Wesselman, figuras fundamentales de la escuela pop que empezaron a utilizar el cómic como inspiración durante los 70, las imágenes de Pettibon no cuentan relatos completos, ni siquiera escenas: solo muestran fragmentos. Muchas de estas imágenes aparecen reproducidas en fanzines; la libertad creativa que suponía para el artista no vivir de su arte y no estar sujeto a encargos le permitió crear una obra alejada de cualquier escuela, sobre soportes humildes y con materiales comprados en papelerías y tiendas de barrio.

  

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Goo. Portada del disco de Sonic Youth (1990). En moma.org.

 

La década de los 90 alcanza a Pettibon cuando ya es un artista por derecho propio. Su obra ha obtenido ya reconocimiento, y es representado por una prestigiosa galería de Nueva York: la Davizd Zwirner Gallery. En 1990, la famosísima banda postpunk Sonic Youth le encarga la portada de su disco Goo: Pettibon responde a su petición con una viñeta en blanco y negro que a día de hoy es considerada todo un icono, y reproducida en cientos de versiones. Por aquel entonces ya ha hecho varias exposiciones en solitario; dos meses después de entregar el diseño a la banda, Pettibon se encierra en el espacio de la galería y cubre sus paredes con dibujos, collages y textos de gran tamaño, realizados específicamente para el evento. Para desarrollar este trabajo emplea distintas técnicas: por ejemplo, proyecta películas o imágenes opacas sobre papel colgado en la pared, y detiene los fotogramas para calcarlos directamente. Son años de producción febril que empiezan a reflejar algunos de los temas obsesivos del artista: desde ciertos estereotipos de la cultura popular, hasta personajes tan célebres y controvertidos como Charles Manson.

 

El nuevo milenio: un arte que engloba al mundo 

 

08. No Title We would then 2009.CreditRaymond Pettibon via Hauser Wirth 

No title (We would then…), 2009. En hauserwirth.com

 

Con la llegada del año 2000, la obra de Pettibon no se vuelve más compleja en cuanto a técnica o material. Pero sí evoluciona a la velocidad de la luz, añadiendo cada vez más simbología, iconografía y significado a sus planteamientos. Cada vez trabaja más sobre pared, cubriendo los muros como si de una segunda piel se tratase. En esta época, Pettibon empieza a añadir dibujos creados durante su infancia a sus murales. En los años anteriores, el artista ya había utilizado dibujos infantiles creados por otros niños; a partir de este momento incluye una parte autobiográfica en su trabajo, sumando un poderoso lirismo a lo un punto de vista que hasta entonces había sido fundamentalmente crítico y social. El trazo y el gesto se vuelven más sutiles, y las obras ganan en calidad plástica. Aunque sus personajes icónicos siguen apareciendo (sobre todo los surfers, que ganan protagonismo), los dibujos incluyen cada vez más metáforas plásticas. Al mismo tiempo, Pettibon continúa creando arte para portadas de discos: en 2003, un diseño suyo ilustrará el álbum ‘Have it all’, de la banda Foo Fighters.

   

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Collection of lines, (2019). Raymond Pettibon trabajando en obra sobre mural. En moma.org

  

Durante la segunda década del milenio, Raymond Pettibon comienza una colaboración fructífiera con otro artista, Marcel Dzama. Ambos trabajan el formato del dibujo y saturan su obra de crítica política y social. Dzama reconoce en Pettibon a uno de sus artistas de referencia; en sus propias palabras, “es el primer artista que llevó el dibujo a un ámbito popular […]. Me gusta más trabajar con Ray que dibujar en solitario”. Pettibon anima a Dzama a trabajar sobre mural, y ambos empiezan a trabajar en obras comunes en la galería que representa a ambos, David Zwirner. Su colaboración es mantiene hasta la actualidad, sumando también la publicación de libros de artista. Hoy, Raymond Pettibon continúa trabajando de forma imparable en Nueva York, donde vive. En el año 2017 el New Museum le dedicó una gran retrospectiva, y su obra está presente en los mejores museos de arte contemporáneo del mundo, entre ellos el Museo Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, el Centro Georges Pompidou de París, el MoMA de Nueva York y la Tate Gallery de Londres.

 

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The ball player / The Dynamieck Diesis (2016) Raymond Pettibon y Marcel Dzama. En sleek-mag.com.

 

Exposiciones

 

Raymond Pettibon. MACBA (2002)

 

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En el año 2002, Raymond Pettibon fue homenajeado con una gran exposición realizada por el MACBA de Barcelona. La muestra permitió al público realizar una auténtica inmersión en su obra, con más de 5.000 dibujos sobre papel, cinco audiovisuales y una serie de murales realizados ex profeso por el artista con motivo del evento. Las obras se acompañaron de música y libros propiedad de Pettibon, procedentes de sus archivos. En el vídeo se puede ver un fragmento de un documental dedicado a su figura, realizado para la exposición.

 

 

Raymond Pettibon: The Big Picture. Galería David Zwirner, NY (2007)

 

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Este vídeo recoge el momento en el que comienza la inauguración organizada por la Galería David Zwirner de Nueva York en 2007. En aquel momento fue la séptima muestra con obra del artista realizada por la galería, que le representa. Los dibujos expuestos reflejaban la preocupación de Pettibon por los aspectos sociales y políticos, tocando temas candentes de la época como la Guerra de Irak o la política de asuntos extranjeros.

 

 

Raymond Pettibon: Are your motives pure? Surfers 1985-2013. Venus Over Manhattan, NY, (2013)

 

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Esta exposición reunió en su día 40 obras que reflejan uno de los personajes icónicos de Pettibon: el surfer. Todo un icono de la California de los 60, el surfero solitario es un personaje que representa por sí solo el estilo de vida de la Costa Oeste Norteamericana. Sin embargo, a lo largo de las décadas el “sueño californiano” ha ido revelando una cara siniestra y oscura: una imagen engañosa de paraíso distópico. Los dibujos sobre papel del artista, realizados a gran escala o a tamaño de página de libro, reflejan este sentimiento.

 

   

 

Marcel Dzama y Raymond Pettibon: Let us compare mythologies. Galería David Zwirner, Londres (2016)

 

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La colaboración entre Dzama y Pettibon se ha repetido en varias ocasiones. Ambos artistas trabajan con el soporte del dibujo, reflejan temáticas y estilos similares y encuentran en sus respectivas obras el complemento perfecto para su propio imaginario. La Galería David Zwirner de Londres expuso entonces una selección de las distintas colaboraciones realizadas entre ambos hasta la fecha: a modo de “cadáveres exquisitos”, los dibujos comenzados por uno de los artistas son terminados por el otro, enriqueciéndose con ambos aportes.

  

  

A Pen of All Work. Bonnefantenmuseum, Maastricht (2017)

 

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La muestra 'A pen of all work' fue la primera retrospectiva de Raymond Pettibon en Nueva York. Organizada por el New Museum, a continuación viajó al Bonnefantenmuseum de Maastritch. La selección estaba formada por más de 700 obras, realizadas por Raymond Pettibon desde los años 60 hasta el momento de la inauguración. Una magnífica oportunidad para descubrir la evolución y la riqueza del cuerpo de obra del artista.

 

   

And what is drawing for? Tel Aviv Museum of Art (2020)

 

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Bajo el nombre “¿Y para qué sirve el dibujo?”, el Museo de Arte de Tel Aviv organizó en 20202 la primera gran exposición de Raymond Pettibon en Israel. La muestra reunió cerca de 100 dibujos y tres trabajos con soporte vídeo. En las obras se podían identificar los personajes icónicos del artista (el surfer, el jugador de béisbol, Charles Manson…), así como los temas que atraviesan gran parte de su obra: el capitalismo, el gobierno americano y la Guerra de Irak, entre otros.

 

Libros

 

'Tramas entrecruzadas'. Raymond Pettibon (2002). Publicado por MACBA.

Con motivo de la gran retrospectiva organizada por el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) sobre la figura y la obra de Raymond Pettibon, la institución publicó este libro donde se recogen parte de las piezas seleccionadas en la muestra. Obras en las que se recogen, tal y como indican los comisarios de la exposición, las influencias de personalidades como Proust, James o Blake: visionarios cuyo rastro se puede identificar en los trazos de Pettibon. Todo un placer para los sentidos y para la reflexión.

  

‘My fist R free. 186 Twitter Poems’ . Raymond Pettibon (2021). PCP Press

La serie Editions Du Piràtes de la editorial PCP Press decidió incluir en 2021 un volumen dedicado a la poesía publicada por Raymond Pettibon en la red social Twitter. El libro recoge los poemas escritos por el artista entre el 27 de noviembre de 2021 y el 28 de julio de 2016, e incluye la provocación sintáctica, la pasión por lo satírico y los poemas de amor característicos de su universo. Las páginas “representan” al propio Pettibon como un personaje ficticio que, tras abandonar a su mujer, se muda a la red social y comienza una existencia artística en solitario.

 

Point Break: Raymond Pettibon, Surfers and Waves. (2022). David Zwirner Books

Este libro, publicado por la galería David Zwirner Books, recoge una selección de más de 100 dibujos de surfers, protagonistas de varias series creadas por Pettibon a lo largo de los años. Las páginas reproducen dibujos y pinturas creados a grande y pequeña escala, y murales realizados directamente sobre pared. En las obras de Pettibon, el surf existe de forma paralela a todo lo demás. Los protagonistas de las imágenes son conscientes de forma momentánea de la presencia de la ola, al tiempo que se distancian de la turbulenta realidad que les rodea. Al igual que los personajes, nosotros también nos vemos forzados a enfrentarnos con nuestra propia escala: pequeña y débil en presencia del poder de la naturaleza, que está fuera de nuestro control.

 

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Mark Bradford: Biografía, Obras y Exposiciones

Exposiciones - Sat, 20/08/2022 - 08:59

Mark Bradford crea obras en múltiples disciplinas que invitan al espectador a reflexionar sobre la sociedad, los problemas raciales y las cuestiones de género. “Política y socialmente, estamos al borde de otro precipicio”. Son palabras de Mark Bradford (Los Ángeles, 1961) acerca de su país, Estados Unidos.

La abstracción que nace del conflicto

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Foto: Mark Bradford.

  

“Política y socialmente, estamos al borde de otro precipicio”. Son palabras de Mark Bradford (Los Ángeles, 1961) acerca de su país, Estados Unidos. Y concluye: “Me encuentro en medio de esa cuestión que nos plantea dónde estamos como nación”. Una cuestión que siempre ha formado parte de su trabajo, desde que empezó a crear obras a partir de materiales que formaban parte de su vida y su entorno. Si hay un artista “del material”, ese es sin duda Bradford: sus piezas artísticas están integradas por kilos y kilos de papel, masilla, cemento, adhesivos y otros materiales humildes, normalmente de desecho. Productos y técnicas que no solo sirven para configurar una obra, sino que le añaden un significado propio que precede su uso artístico. Y que forman parte de un entorno sociocultural que nos habla sobre la vida del propio artista y la de su comunidad. Mark Bradford crea obras en múltiples disciplinas, a menudo site-specific y a gran escala, que invitan al espectador a reflexionar sobre la sociedad y los conflictos raciales y de género que experimenta la comunidad afroamericana. Y su compromiso artístico no se queda ahí, sino que incluye también a otros colectivos desfavorecidos con los que realiza acciones enfocadas a la integración. El arte de Mark Bradford, tan incisivo como necesario, le ha llevado a ser uno de los artistas más cotizados de los últimos tiempos: su obra Helter Skelter I fue adquirida en 2018 por 12 millones de dólares, superando las cifras de otros creadores afroamericanos como Jean-Michel Basquiat. Aun así, Bradford continúa rindiendo homenaje a los materiales humildes que estructuran las sociedades: su trabajo es hoy una influencia fundamental en el arte con vocación de cambio y revolución.

 

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Helter Skelter I (2017). En thebroad.org

 

Un salón de belleza al sur de Los Ángeles

La vida de Mark Bradford está ligada a su ciudad natal, Los Ángeles. Bradford nace en 1961 en la zona sur, donde su madre regentaba un salón de belleza con peluquería en el área de Leimert Park. Hasta los 11 años la familia vive junto al negocio, pero en 1972 se mudan a Santa Mónica. El salón de belleza continúa siendo propiedad de la madre del artista, que acude a menudo y se acostumbra a ayudar con la clientela. Tras graduarse en el instituto, Bradford obtiene una licencia profesional que le permite ejercer como peluquero: a partir de entonces trabajará en el negocio familiar mientras continúa con sus estudios. Más adelante terminará finalizará su primera etapa escolar en el Santa Monica College y pasará al California Institute of Arts. Allí se se gradua en 1991 y realiza un Máster en Bellas Artes en el año 1997.

 

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Eve (2001). En themodern.org

 

Durante sus años como peluquero, el talento artístico de Mark Bradford late con fuerza y le impulsa a crear sus primeras obras: compagina su trabajo con los últimos cursos en el California Institute of the Arts, a finales de los 90. Prefigurando lo que posteriormente será uno de los métodos creativos más importantes de su obra, crea entonces sus primeros lienzos con end papers (papeles para puntas). Con este nombre se designa a unos pequeños trozos de papel de seda que se colocan en las puntas de los mechones de cabello, para protegerlos del calor durante la realización de permanentes. Es un momento fundamental y catártico: será la primera vez que Bradford incorpore en sus obras elementos pertenecientes a su vida y su entorno, que no solo cumplen una función estética y plástica, sino que contienen experiencias y significados propios. Sobre esta técnica, Bradford comenta: “Aprendí mi propia forma de construir pinturas a través de los end papers: cómo crear espacio, cómo usar el color. Y cómo aportar un nuevo tipo de contenido. Para mí fueron el principio… Todo empezó en el salón de belleza”.

 

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Jheri Now, Curl Later (2001). En brooklingmuseum.org

 

Nuevo milenio: abstracción plástica y acción social

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Untitled (2003). En brooklingmuseum.org

 

Tras sus años de formación, en los que descubre que la técnica mixta es la mejor vía para expresarse, Mark Bradford empieza a trabajar en su particular visión de la abstracción pictórica. Aunque muchos críticos y teóricos han querido ver en su trabajo una estrecha relación con el Expresionismo Abstracto Norteamericano, el propio artista prefiere distanciarse de este movimiento: “Siendo un artista afroamericano del siglo XXI, cuando vuelvo la vista al Expresionismo Abstracto entiendo la política, entiendo los problemas, entiendo las teorías y puedo leer los manifiestos [de Clyfford Still], pero sigo pensando que hay otras formas de investigar a través de la abstracción. Emplear el tejido social completo de nuestra sociedad como punto de partida para la abstracción la reanima, le quita el polvo. Para mí, es entonces cuando se convierte en algo realmente interesante”. Su obra es fiel reflejo de esta declaración de intenciones: Bradford trasciende los end papers de sus inicios y empieza a añadir capas y capas de papel sobre el lienzo, procedente de carteles, panfletos, pósters pegados a las paredes y todo tipo de material impreso obtenido de las calles de su ciudad. Las capas serán posteriormente rasgadas y esculpidas para crear formas y mensajes. Surge una nueva abstracción, que cobra vida a partir del significado social de los materiales que dan forma a la obra.

 

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Mithra (2008). En hauserwirth.com

 

La vertiente social de las obras de Bradford no se queda en el papel que conforma las capas de sus lienzos. Su enorme inquietud artística hace que investigue todo tipo de soportes, técnicas y métodos para reproducir los mapas (físicos, humanos e imaginarios) en los que se desenvuelven las comunidades afroamericanas estadounidenses: temas como el SIDA, la identidad LGTBIQ+, el racismo y la brecha social son constantes en sus obras. Al mismo tiempo, a medida que transcurre la primera década de los 2000 su trabajo escapa de la bidimensionalidad y adquiere cualidad escultórica, sin abandonar en ningún momento la gran escala que invita al espectador a sumergirse en la obra. En esos años ya es un artista consagrado, uno de los talentos emergentes más importantes del país: recibe el encargo de crear una pieza para para Prospect.1, la bienal de arte de Nueva Orleans. La escultura Mithra (2008) es un enorme barco varado, un Arca de Noé postapocalíptica que rinde homenaje a las víctimas del huracán Katrina. Bradford se inspira en el relato bíblico para ejemplificar la búsqueda de la salvación o la futilidad de dicha búsqueda, convirtiendo su obra en una metáfora sobre la escasa ayuda aportada por el Gobierno de EEUU a la población, durante y después de la catástrofe.

 

Obras monumentales con carga de profundidad

 

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Bell Tower (2014). En hauserwirth.com

 

La segunda década del nuevo milenio encuentra a Bradford en plena producción. Sus obras escapan ya a cualquier dimensión, alcanzando escalas monumentales que ya avanzaba Mithra y que ahora colonizan espacios y superficies. Al mismo tiempo, continúa trabajando con materiales que hablan sobre comunidades y tejidos sociales, haciéndolos protagonistas de sus propias historias a través del arte. Obras como Bell Tower (2014), instalada en la antigua terminal de Pan Am del Aeropuerto de Los Ángeles (LAX), son un claro ejemplo. Desde su infancia Bradford ha experimentado una intensa atracción por el aeropuerto de su ciudad, al que acudía a menudo con su madre a comer para observar los despegues y aterrizajes de los aviones. Bell Tower es una enorme instalación que homenajea al recinto y refleja el tránsito y las vidas de las personas que lo recorren. La obra está recubierta de lo que el artista designa como ‘posters mercantes’ (anuncios impresos y pegados en paneles comerciales, panfletos ofreciendo trabajo, carteles de exposiciones, etc.), que “hablan claramente de las necesidades de las personas de nuestra comunidad que cada día pasan ante ellos. No es como la cultura popular, que está globalizada. Es muy local. Y lo más fascinante es lo rápidamente que cambian”, comentó al respecto. 

  

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Tomorrow is Another Day (2017). En elephant.art

  

El año 2017 supone un punto de inflexión para Bradford. Es elegido para representar a EEUU en la Bienal de Venecia, uno de los acontecimientos más importantes del calendario artístico a nivel mundial. El pabellón estadounidense albergará Tomorrow is Another Day, una exposición-instalación site-specific en la que el artista parte del momento histórico de entonces (en plena transición política Obama-Trump) para definirse a sí mismo, a su país y a su comunidad. “Estoy hablando de otros mundos… La esperanza es que nos volvamos reconocibles a nosotros mismos en lo que respecta a nuestras políticas sobre raza, género, clase, sexualidad”, señalaba el artista en el catálogo que acompañaba a la muestra. En principio, las obras fueron creadas por el artista en su propio estudio para después ser recreadas en el pabellón: además de los cuadros que colgaban en las paredes, la muestra incluía una enorme masa de papel, reptante y marmoleada, que invadía las paredes y subía hasta el techo. De nuevo, el artista empleó ‘materiales humildes’ (lejía, masilla, papel arrancado de las paredes del Sur de Los Ángeles o comprado al peso) para crear un arte a gran escala que invitara a la reflexión histórica y social. A finales de 2018 la monumentalidad reaparece en la obra de Bradford, esta vez avanzando hasta un arte mucho más conceptual: diseña What Hath God Wrought, una pieza comisionada por la Stuart Collection de la Universidad de California. La obra se eleva en el jardín del campus de la universidad y consiste en euna delgadísima columna de acero de más de 60 metros de altura, con una tenue luz que destella en su cima. Los destellos transmiten el primer mensaje enviado por Samuel F. B. Morse en 1844, y que da título a la pieza.

 

10. what hath god wrought 2018 

What Hath God Wrought (2018). En sculpturemagazine.art.

 

Un arte con impacto en la sociedad

 

10. what hath god wrought 2018

Life Size (2019). En frieze.com

 

Mark Bradford entreteje la conciencia social y comunitaria en sus obras, tanto de forma física como conceptual. Pero su trabajo trasciende la mera expresión plástica de la denuncia o el reflejo de la sociedad, y les sirve como base para generar e impulsar programas enfocados a impulsar el conocimiento del arte y el trabajo creativo en distintos colectivos. En 2009, en colaboración con el Getty Museum y junto con otros artistas, impartió una serie de clases gratuitas a profesores de primaria. En 2017, aprovechando su estancia en Venecia para la creación e inauguración del Pabellón de EEUU en la Bienal, el artista se embarcó en un proyecto de seis años de duración (Process Collettivo) con la ONG Rio Terà dei Pensieri, que genera oportunidades de empleo para los reclusos y reclusas de la prisión de la ciudad a través del trabajo artesanal. Dos años después Bradford crea su obra ‘Life Size’, una imagen que reproduce el frontal de una cámara policial; los beneficios obtenidos por las ventas de las reproducciones en edición limitada  (más de un millón de dólares) fueron destinados íntegramente al Fondo para el Arte y la Justicia de Agnes Gund.

 

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Quarantain Painting (2020). En hauserwirth.com

Durante su última exposición en Menorca (España), ‘Masses & Movements’ (2021), el artista colaboró con estudiantes de la Escola d’Art para crear una residencia artística de un mes de duración enfocada a explorar la crisis de refugiados, mediante la creación de una serie mapas del mundo que incluyen las rutas de inmigración. Esta colaboración fue el punto de partida de su colaboración con PILA Global, una organización educativa que trabaja con familias desplazadas en situación de riesgo. Y de forma permanente, Bradford es el creador e impulsor de Art + Practice, una fundación sin ánimo de lucro situada en el Sur de Los Ángeles y destinada a impulsar el trabajo artístico en jóvenes y adolescentes que forman parte de programas de acogida.

Actualmente, Mark Bradford continúa trabajando y residiendo en el Sur de Los Ángeles, desarrollando proyectos artísticos de relevancia mundial y ejerciendo como agente de cambio y revulsión.

 

Exposiciones

 

We the people. Embajada de EEUU en Londres (2017) )

 

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Con el nombre We the People, Mark Bradford creó una obra site-specific en la Embajada Estadounidense de Londres formada por 32 paneles de más de 3 metros de longitud cada uno, que se puede admirar en el edificio de forma permanente. La obra representa fragmentos y artículos completos de la Constitución de EEUU, pasados por el filtro del punto de vista único de Bradford y convertidos así en lenguaje visual abstracto. Con esta obra inmersiva y a gran escala, el artista invita al espectador a analizar el significado de las palabras, su efecto en su propia conciencia y la forma en la que se aplica a día de hoy.

 

 

Tomorrow Is Another Day. Pabellón de EEUU en la Bienal de Venecia (2017)

 

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En la Bienal de Venecia de 2017, el gobierno estadounidense participó con un pabellón intervenido artísticamente por Mark Bradford. El pabellón albergaba la obra Tomorrow Is Another Day (Mañana Es Otro Día), creada con una masa de pulpa de papel pintada que cubría una superficie de más de 5 metros de altura. La pieza dinamiza y trabaja con lo que Bradford llama “materiales humildes”, para generar una pieza monumental que medita sobre los errores y las distorsiones que salpican la historia de los Estados unidos.

 

 

Mark Bradford: Los Angeles. The Long Museum, China (2019)

 

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La muestra Los Ángeles es hasta la fecha la más amplia y completa celebrada nunca sobre la obra de Mark Bradford. Inspirada en la ciudad donde actualmente reside y trabaja, la muestra fue en realidad una enorme instalación site-specific que explora la evolución y el desarrollo del trabajo del artista durante la década anterior, y su incisivo análisis de los temas más candentes de la cultura norteamericana actual. 

 

   

End papers. Modern Art Museum of Fort Worth (2020-21)

 

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Los end papers son un elemento decisivo de la obra de Bradford. Estos papeles los empleó el propio artista en su adolescencia y juventud, cuando ayudaba a su madre en la peluquería que regentaba, y fue en esa época (principios de los 90) cuando comenzó a incorporarlos en su trabajo. La exposición del Museo de Fort Worth permitió redescubrir esta técnica, nunca abandonada por el artista a lo largo de su vida, en sus primeras obras.

 

 

Masses and Movements. Galería Hauser & Wirth, Menorca (2021)

 

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La exposición Masses and Movements supone la primera presentación “oficial” de la obra de Mark Bradford en nuestro país. El artista expuso su trabajo con motivo de la inauguración de la sede menorquina de la galería, que le representa, en la isla de Menorca. La muestra consistió en una serie de piezas que jugaban con el espacio, como suele ser habitual en la obra de Bradford: una instalación formada por esferas, un mural site-specific y una serie de lienzos basados en un mapamundi del siglo XVI, del que se piensa fue el primero en incorporar la palabra ‘América’.

 

   

Picket's Charge. Hishorn Museum and Sculpture Garden, Washington D.C. (2017 – Actualidad))

 

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La instalación Picket’s Charge es una de las más grandes realizadas hasta la fecha por Mark Bradford, con cerca de 121 metros lineales de extensión y realizada ex profeso en el National Mall del centro de arte. La obra se inspira en el ciclorama del mismo nombre creado por Paul Philippoteaux en el siglo XIX, donde se reproducía uno de los momentos cruciales de la Guerra Civil Americana: la Carga Pickett, a partir de la cual el ejército confederado empezó a perder la guerra. La obra de Bradford lleva el figurativismo del original a su terreno abstracto y entreteje el pasado con el presente y la ilusión con la abstracción, invitando al público a reflexionar sobre cómo se cuentan y manipulan las narrativas de la historia.

 

  

Agora. Museo Serralves, Oporto (2022)

 

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La mitología antigua siempre ha constituido una fuente de inspiración para Mark Bradford. Su producción artística de los últimos años así lo demuestra, y fue decisión del Museo Serralves de Oporto mostrarla en una única exposición. Las obras se inspiran en una serie de tapices y bocetos realizados en Holanda cerca del año 1500, basados en dos temas: ‘La Caza del Unicornio’ y ‘Cerbero’. Bradford utiliza el mundo medieval y los mitos clásicos para reflexionar sobre la actualidad, con la Edad Media como metáfora y eco de las tensiones y los conflictos contemporáneos.

 

Libros

 

Street Level (2017). Mark Bradford, William Cordova y Robin Rhode. Duke University Press

Este libro analiza a fondo la obra de tres artistas contemporáneos con un tema común para su inspiración: las calles de sus ciudades. Se trata de un catálogo publicado con motivo de la exposición del mismo nombre que se celebró entre marzo y julio de 2009 en el Museo de Arte Nasher de la Universidad Duke. Para estos creadores, los objetos encontrados y los gestos performativos suponen unos cimientos sólidos para su arte, que incluye obra sobre papel, instalación, fotografía vídeo y técnicas mixtas. Vista en conjunto, su obra supone una reinterpretación de la cultura urbana contemporánea en la que se engranan temas cruciales como la geografía, la clase y la raza.

  

Mark Bradford - Through Darkest America by Truck and Tank (2013). VVAA. Ed. White Cube

El uso de materiales de desecho encontrados en la calle de su ciudad es una característica inherente al trabajo de Mark Bradford. Periódicos usados, carteles viejos y posters que se despegan de los muros son recogidos por él para ser empleados luego como parte de obras pictóricas formadas por múltiples capas de papel comprimido. Este es el punto de partida de esta monografía, que toma su título de un capítulo de las memorias del presidente Eisenhower. La obra de Bradford está salpicada de referencias topográficas, que emergen y desaparecen en sus instalaciones monumentales. Estas facturas y rupturas reproducen la grieta social creada por las autopistas interestatales que dividieron algunas de las comunidades del centro-sur de Los Ángeles (entre ellas, la del propio artista).

 

Mark Bradford (2019)(2017). Anita Hill. Phaidon Press Limited

La serie Contemporary Artists de Phaidon incluyó en 2017 un volumen sobre la obra de Mark Bradford, que en su momento fue el primer análisis exhaustivo del trabajo del artista norteamericano. El libro incluye numeroso material fotográfico donde se reflejan sus instalaciones y collages, célebres a nivel mundial. Por otra parte, el texto también explora la vida y la trayectoria del artista como un todo, invitando al lector a redescubrir su obra como parte de una experiencia vital y social inseparable de la creación plástica.

 

- Mark Bradford: Biografía, Obras y Exposiciones -                                - Alejandra de Argos -

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Dolor y goce en la creatividad

Exposiciones - Mon, 15/08/2022 - 14:42

Son muchos los creadores que, a lo largo de la historia, han creido ver en la salud y en el sentimiento de plenitud el origen de la creatividad, o al menos uno de sus requisitos. Pero tampoco son pocos los que encuentran en el sufrimiento y en la enfermedad el mejor estímulo para sus creaciones. Unos parecen seguir el consejo de instruir deleitando (o de crear deleitándose). Otros parecen confirmar el dicho “la letra con sangre entra”

Dolor y gozo

 

Son muchos los creadores que, a lo largo de la historia, han creido ver en la salud y en el sentimiento de plenitud el origen de la creatividad, o al menos uno de sus requisitos. Pero tampoco son pocos los que encuentran en el sufrimiento y en la enfermedad el mejor estímulo para sus creaciones. Unos parecen seguir el consejo de instruir deleitando (o de crear deleitándose). Otros parecen confirmar el dicho “la letra con sangre entra” (en este caso, la obra son sangre sale).

No todos los autores de una obra teórica o artística se adscriben a una de estas dos opiniones contrapuestas sobre las circunstancias personales y, en particular, los estados anímicos que estimularían su creatividad, y hay muchos que incluso rechazan el planteamiento del problema en estos términos. Pero sí pueden identificarse dos grupos claramente confrontables:

Por un lado estarían los que consideran que el estado de bienestar y de satisfacción es el ideal para poder entregarse al pensamiento y a la creación artística. Esta postura puede parecer la más obvia, pues coincide con la idea general de que la cultura es un lujo al que sólo puede entregarse el que ya tiene resueltas las más básicas necesidades (sociales, económicas y psicológicas). Sin embargo, la cantidad de voces que se alzan contra este planteamiento obliga a preguntarse si es realmente mayoritario entre los creadores.

Desde la actitud opuesta se mantiene que el malestar, la miseria y la angustia son los mejores alimentos de la creatividad. La felicidad es improductiva, puesto que nada necesita; la desdicha, en cambio, sería un continuo acicate para la acción creadora, desde esta perspectiva. La obra serviría como instrumento para expulsar al exterior el infortunio, gracias a la capacidad de expresarlo creativamente. En el mejor de los casos, esta expresión intelectual o estética de la desdicha permitiría superarla, convirtiéndose la manifestación del infortunio en un camino hacia el bienestar.

En el artículo titulado "Duelo o placer de la escritura" (El País, 8-7-1986), el novelista Antonio Muñoz Molina discutió ambas actitudes. Recodaba, por un lado, las hermosas palabras con que Cervantes describía la condiciones ideales para la creación artística: "El sosiego, el lugar apacible, la amenidad de los campos, la serenidad de los cielos, el murmurar de las fuentes, la quietud del espíritu, son grande parte para que las musas más estériles se muestren fecundas y ofrezcan partos al mundo que lo colmen de maravilla y de contento". Por otro lado, Muñoz Molina recogía la idea de la creación literaria como fruto del sufrimiento, del esfuerzo por huir de la desesperación (y ya no como regalo de las dulces musas). Inclinándose hacia el bando de los que piensan que los actos humanos están más condicionados por las circunstancias históricas que por las peculiaridades del carácter personal, Muñoz Molina consideraba que estas dos actitudes serían propias de diferentes épocas: “Desde Flaubert, tal vez desde Baudelaire, el ejercicio de la literatura, que antes era un don de la pereza, busca impúdicamente los prestigios del sufrimiento y aun de la maldición, lo cual, si bien se mira, es una extravagancia reciente: entre los antiguos, que admiraron a Sófocles porque vivió 90 años y nunca dejó de ser feliz, la figura de Eurípides, hombre huraño y desdichado y cercado por el fracaso, nunca fue emblema del artista, sino misteriosa excepción”.

 

La alegre risa del creador

La primera actitud podría ilustrarse con la concepción nietzscheana de la creación. La creatividad del hombre superior es, para este filósofo, una forma de danza, una forma de risa, una forma de juego. El creador es el mejor representante de la "gran salud": un ser de pies ligeros, de corazón alegre, de espíritu libre. Plenamente convencido de que "todas las cosas buenas ríen", el hombre superior es capaz de reír creativamente, pues sus obras teóricas o sus obras de arte no son más que la elaboración de esa risa con la que expresa su afirmación del mundo; una afirmación que incluye el placer y el dolor, la alegría y la desdicha: por eso precisamente es una afirmación trágica. Para el creador nietzscheano, la obra es el producto de la afirmación incondicional de la vida, afirmación que le invade, que le rebosa por los ojos y las manos; afirmación entendida como deseo de permanencia, como deseo de eternidad.

La antítesis del creador es, para Nietzsche, el sacerdote: el representante máximo de lo sucio, de lo bajo y de lo enfermo, del resentimiento triunfante sobre las pulsiones, del llanto y rechinar de dientes, del corazón pesado, los pies pesados, de lo triste, de lo rígido y lo estéril. Pero, bajo este arquetipo sacerdotal habría que situar también a todos los creadores que se nutren de la neurosis, de la angustia, del dolor; a todos los que para producir requieren la enfermedad. Desde la gran salud nietzscheana se constata con desprecio que "el dolor hace cacarear a las gallinas y a los poetas".

Esta estimulante concepción de la creatividad, ofrecida por algunos de los textos teóricos de Nietzsche, parece quedar ya cuestionada por la propia historia personal de su autor: rechazado por sus colegas de la universidad y por las mujeres como Lou Salomé, solitario y enfermo, aislado en pensiones campestres, escribiendo libros que no encontraban lectores, orgulloso e incomprendido, condenado finalmente al manicomio, Nietzsche no parece estar precisamente dotado de una gran salud. Y aunque los argumentos ad hominem se suelen considerar sospechosos, lo cierto es que su vida parece desmentir su alegre canto. A menos que se entienda que, como las obras demuestran, las circunstancias personales externas no lograron dañar la energía de su risa, la potente danza de su pensamiento, la gran salud de su espíritu.

 

El malestar de los artistas

El planteamiento opuesto tiene muchos partidarios. Para ellos, la creatividad no es otra cosa que la piedra filosofal capaz de convertir el sufrimiento en oro. El arte sería un encuentro feliz entre la angustia y la facultad de expresarla bellamente. Se elevaría a la categoría de autor quien, disponiendo del sufrimiento que produce la dificultad de vivir, fuese capaz de hacer con él algo valioso. En este sentido, la neurosis sería el mejor recurso de un espíritu fértil, pues, como Borges le hizo decir a un poeta, "mis instrumentos de trabajo son la humillación y la angustia".

Han sido muchos los artistas que han encontrado una relación de causa-efecto entre la desgracia y la creación. "Las ideas son los sucedáneos de los pesares", afirmaba Marcel Proust. Y Franz Schubert decía que "el dolor agudiza el espíritu y hace el alma más fuerte". Ahora bien, es evidente que el dolor solo puede tener un efecto tonificante si su naturaleza, su intensidad y la personalidad del que lo sufre dan como resultado una respuesta fructífera y no un hundimiento estéril. Puede entonces plantearse. la oposición entre un dolor que fortalece y otro que esteriliza. Algunos piensan que es cuestión de grados: el dolor moderado nos estimularía, mientras que el excesivo nos paralizaría; así lo ha formulado Emile Cioran: “los grandes desastres no dan nada, ni en el terreno literario ni en el religioso. Sólo las desgracias a medias son fecundas, porque pueden ser, porque son un punto de partida, mientras que un infierno demasiado perfecto es casi tan estéril como el paraíso”.

Una vez establecida la idea de que el sufrimiento es la fuente de la creatividad, sus partidarios más coherentes comenzaron a sacar conclusiones. Si el malestar es productivo, todo lo que contribuye al bienestar ha de tener, probablemente, efectos secundarios esterilizantes. Por eso, cuando al pintor Edward Munch le recomendó un amigo que intentara librarse de los conflictos que le torturaban, no dudó en responder: "Me pertenecen a mí y a mi arte. Forman parte de mí; si los eliminase, dañaría mi obra. Deseo conservar estos sufrimientos". Y también el poeta Rainer María Rilke tuvo que responder a una invitación de este tipo: la ya citada Lou Andreas Salomé, entusiasmada con la obra de Freud, le recomendó a Rilke que iniciase un psicoanálisis para destruir los demonios que le atormentaban; Con suspicacia comparable a la de Munch, Rilke rechazó el consejo argumentando que si el psicoanálisis era capaz de acabar con sus demonios, sería capaz también de destruir a sus ángeles. Sólo hubiese hecho falta un paso más para que los psicoterapeutas empezasen a recibir la visita de escritores sin ideas, pintores declinantes o músicos en crisis, que habiendo observado un claro alivio de sus molestias neuróticas, una mejoría de su estado de ánimo y un empobrecimiento de su obra, demandasen un urgente antidoto contra la curación.

Hubo también autores que llegaron a invertir el razonamiento, afirmando que si el dolor y la angustia son los estímulos de la productividad, es lógico pensar que el placer y la satisfacción sean un obstáculo para la labor intelectual o artística. Borges, por ejemplo, recuerda que “mejorando hasta la perfección una frase divulgada por Boswell, Hudson refiere que muchas veces en la vida emprendió el estudio de la metafísica, pero que siempre lo interrumpió la felicidad”. Si la felicidad es un obstáculo para el estudio de la metafísica también el simple placer puede resultar fatal para quien tiene que enfrentarse a la creación literaria. Algunos han llegado a esbozar una aritmética de los placeres y las creaciones según la cual un placer más es una creación menos. Sólo así puede entenderse, aunque no se tome en serio, la declaración de Balzac: “cada mujer con la que uno se acuesta es una novela que no escribirá”.

En esta línea, aunque con otro tipo de argumentación, se situaría la opinión de Freud: el artista sería inicialmente un frustrado próximo a la neurosis. Como todo hombre insatisfecho, se refugiaría en fantasías compensatorias de sus deseos irrealizados. Lo que le permitiría salir de la frustración sería su capacidad de expresar las fantasías, de hacerlas comunicables mediante una acertada elaboración formal. Gracias a ese talento, la secreta imaginación de un introvertido llegaría a convertirse en obras de arte, capaces de proporcionar placer a otros y, como consecuencia, capaces de proporcionar a su autor el éxito y con él los medios de gratificar sus deseos. Se cerraría así felizmente el doloroso círculo puesto en marcha por la insatisfacción.

Este planteamiento freudiano podría dar paso a la idea de que en el pasado del artista habría un ser (muchas veces un niño) rechazado y aislado por lo demás, o que al menos tendría la sensación de estarlo. La psicogénesis de la creación artística estaría vinculada a la necesidad de superar ese estado de soledad, de amargura y de carencia afectiva: en él se endurecería el carácter y se afilaría la inteligencia, el espíritu y la productividad. El sufrimiento del marginado le llevaría a desarrollar las cualidades con las que logrará, finalmente, el reconocimiento de los otros, el reencuentro y la reconciliación con los otros, la satisfacción a través de los otros. Pero de esta curiosa teoría parece volver a deducirse que el triunfo de un creador traería como consecuencia el fin de su creatividad, que el éxito sería esencialmente castrante. Y, aunque hay casos que confirman esta idea, son numerosos los que la desmienten.

 

Crear a pesar de los males y no gracias a ellos

En una conferencia impartida en el Círculo de Bellas Artes madrileño el día 15 de octubre de 1987, el célebre novelista inglés Julian Barnes realizó una dura crítica de cuantos opinan que el sufrimiento, la enfermedad y el vicio pueden ser el origen de la creación artística, haciendo una reivindicación de la salud del artista frente a las habituales apologías del "malditismo".

Recordaba Barnes que Flaubert coleccionó durante años recortes de periódicos, citas de artículos o libros y materiales análogos que le servían de documentación. Una de las carpetas en que archivaba sus materiales llevaba como título "La estupidez de los críticos".

Entre los textos conservados en esa carpeta, Barnes encontró uno sobre George Sand que le parece, efectivamente, "una de las críticas más estúpidas que jamás haya tenido el gusto de leer". En ella se intenta explicar la hostilidad de la escritora a la familia y a las normas tradicionales de su sociedad a partir del hecho de que "George Sand fuma cigarrillos todo el día, y George Sand ¡es una mujer!". Comenta Barnes que "los cigarrillos de George Sand puede que hayan sido responsables de muchas cosas, desde un olor desagradable en el salón hasta el cáncer que la mató. Pero, en lo que tiene que ver con sus opiniones, el funcionamiento de la causa y el efecto es exactamente el inverso del que el crítico suponía. Fueron sus opiniones sobre los derechos de la mujer las que la llevaron a fumar, y no el fumar lo que configuró sus opiniones".

La crítica de Barnes apunta, de este modo, a todos los intentos de buscar el origen de la creatividad artística en factores (más o menos patológicos) ajenos al talento y al esfuerzo del artista: "En una época, los médicos y los filósofos solían buscar la ubicación del alma en los órganos: en el corazón, en la glándula pituitaria, o donde fuera. Hoy día tendemos a situar el genio en la enfermedad".

"Lo que ataco, o por lo menos aquello sobre lo que soy un escéptico, es este enfoque reduccionista, la idea de que la vida de un escritor o de un pintor puede explicarse en términos de un mal, de un fallo, de una neurosis, de un episodio traumático sexual en la infancia o de que se fumen cigarrillos. Es una tendencia que, además, ha ido creciendo en el siglo veinte, en parte, sospecho, debido a la influencia del psicoanálisis".

Barnes se queja de que, habiendo publicado (por entonces) cuatro novelas, había tenido que conceder varios cientos de entrevistas, lo que le lleva a interrogarse por la razón de tantas preguntas. "Tal vez los entrevistadores buscan esa fuente secreta de dolor que sería lo que lo explicase todo. Pero yo no les puedo ayudar, yo no creo que haya nada que explicar, por lo menos creo que mi obra se explica mejor en términos de mi propia obra".

Entre los múltiples ejemplos con que Barnes apoya su postura, recoge una pregunta que le fue planteada a Gabriel García Marquez acerca de si el alarde de imaginación y fantasía que se encuentra en sus libros procede en parte de estimulantes farmacológicos. Barnes reconoce el derecho de García Marquez a señalar al entrevistador la puerta de la calle, pero se alegra de que, en lugar de hacerlo, le diese esta respuesta: "Los malos lectores me preguntan si yo me drogo cuando escribo mi obra; pero eso muestra que no saben nada ni de literatura ni de drogas. Para ser un buen escritor hay que estar totalmente lúcido en cada momento y además gozar de buena salud".

Tras refutar, con argumentos históricos y lógicos, la teoría de que el estilo del Grego procedería de su hipotético astigmatismo, Barnes formula su tesis en términos rotundos: "Yo no estoy diciendo que ningún pintor haya padecido nunca una enfermedad de la vista, ni digo que los escritores jamás fumen, beban alcohol, se droguen, padezcan enfermedades o sean neuróticos. Lo que sí digo es que trabajan a pesar de todo ello, y no debido a ello. En nuestro siglo casi hemos hecho ortodoxia el que el artista sea neurótico, enfermo o desequilibrado psicológicamente. Por supuesto que hay escritores y artistas que son paranoicos, pero en general los buenos escritores y los buenos pintores dependen de su capacidad de trabajar muy duramente, de su concentración y de una revisión constante hasta conseguir una cierta perfección. Y estas son cosas que a su vez dependen de la buena salud y de una mente limpia".

 

La creación independiente del ánimo del creador

Hay, por tanto, una gran diversidad de opiniones, reflejo de experiencias personales muy distintas, e incluso opuestas. No parece fácil encontrar un punto de referencia externo que permita confirmar o refutar unas u otras. Algunos defienden seriamente la idea de que la enfermedad, la miseria y la angustia, que convierten la existencia de los mediocres en un puro tormento, son en cambio, para los espíritus creativos, el estímulo y el instrumento esencial de su genio. Otros sostienen en cambio que, tanto para un artista como para un modesto funcionario, el malestar es tan solo obstáculo y un lastre para la vida laboral o personal.

Queda la opción de rechazar el planteamiento del problema y criticar la alternativa en que se mueven las opiniones revisadas. Podría, al menos en muchos casos, haber independencia entre la labor artística y el estado corporal o anímico de su autor.

Reconocer un carácter autónomo a la creación llevaría a pensar que las obras de arte (o las construcciones especulativas) no pueden ser reducidas a los azares naturales de la biología, a los trastornos del cuerpo o a los humores del alma. Pero también cabe ver en su génesis una expresión total del artista que, a través de asombrosos —y misteriosos— mecanismos mentales es capaz de transformar lo que ocurre en el fondo de su organismo —y de su mente— es un objeto de valor intelectual o estético. Esa alternativa es tan real que de ella han derivado dos formas opuestas de entender la estética: la formalista y la psicobiográfica. Ninguna de las dos es despreciable y ambas han producido, en manos de distintos críticos, interpretaciones brillantes o auténticas sandeces.

 

José Lázaro

Profesor de Humanidades Médicas, Departamento de Psiquiatría, Universidad Autónoma de Madrid.

Autor del libro: Vías paralelas. Vargas Llosa y Savater: un ensayo diálogos

 

 

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Dolor y goze en la creatividad

Exposiciones - Mon, 15/08/2022 - 14:42

Son muchos los creadores que, a lo largo de la historia, han creido ver en la salud y en el sentimiento de plenitud el origen de la creatividad, o al menos uno de sus requisitos. Pero tampoco son pocos los que encuentran en el sufrimiento y en la enfermedad el mejor estímulo para sus creaciones. Unos parecen seguir el consejo de instruir deleitando (o de crear deleitándose). Otros parecen confirmar el dicho “la letra con sangre entra”

Dolor y gozo

 

Son muchos los creadores que, a lo largo de la historia, han creido ver en la salud y en el sentimiento de plenitud el origen de la creatividad, o al menos uno de sus requisitos. Pero tampoco son pocos los que encuentran en el sufrimiento y en la enfermedad el mejor estímulo para sus creaciones. Unos parecen seguir el consejo de instruir deleitando (o de crear deleitándose). Otros parecen confirmar el dicho “la letra con sangre entra” (en este caso, la obra son sangre sale).

No todos los autores de una obra teórica o artística se adscriben a una de estas dos opiniones contrapuestas sobre las circunstancias personales y, en particular, los estados anímicos que estimularían su creatividad, y hay muchos que incluso rechazan el planteamiento del problema en estos términos. Pero sí pueden identificarse dos grupos claramente confrontables:

Por un lado estarían los que consideran que el estado de bienestar y de satisfacción es el ideal para poder entregarse al pensamiento y a la creación artística. Esta postura puede parecer la más obvia, pues coincide con la idea general de que la cultura es un lujo al que sólo puede entregarse el que ya tiene resueltas las más básicas necesidades (sociales, económicas y psicológicas). Sin embargo, la cantidad de voces que se alzan contra este planteamiento obliga a preguntarse si es realmente mayoritario entre los creadores.

Desde la actitud opuesta se mantiene que el malestar, la miseria y la angustia son los mejores alimentos de la creatividad. La felicidad es improductiva, puesto que nada necesita; la desdicha, en cambio, sería un continuo acicate para la acción creadora, desde esta perspectiva. La obra serviría como instrumento para expulsar al exterior el infortunio, gracias a la capacidad de expresarlo creativamente. En el mejor de los casos, esta expresión intelectual o estética de la desdicha permitiría superarla, convirtiéndose la manifestación del infortunio en un camino hacia el bienestar.

En el artículo titulado "Duelo o placer de la escritura" (El País, 8-7-1986), el novelista Antonio Muñoz Molina discutió ambas actitudes. Recodaba, por un lado, las hermosas palabras con que Cervantes describía la condiciones ideales para la creación artística: "El sosiego, el lugar apacible, la amenidad de los campos, la serenidad de los cielos, el murmurar de las fuentes, la quietud del espíritu, son grande parte para que las musas más estériles se muestren fecundas y ofrezcan partos al mundo que lo colmen de maravilla y de contento". Por otro lado, Muñoz Molina recogía la idea de la creación literaria como fruto del sufrimiento, del esfuerzo por huir de la desesperación (y ya no como regalo de las dulces musas). Inclinándose hacia el bando de los que piensan que los actos humanos están más condicionados por las circunstancias históricas que por las peculiaridades del carácter personal, Muñoz Molina consideraba que estas dos actitudes serían propias de diferentes épocas: “Desde Flaubert, tal vez desde Baudelaire, el ejercicio de la literatura, que antes era un don de la pereza, busca impúdicamente los prestigios del sufrimiento y aun de la maldición, lo cual, si bien se mira, es una extravagancia reciente: entre los antiguos, que admiraron a Sófocles porque vivió 90 años y nunca dejó de ser feliz, la figura de Eurípides, hombre huraño y desdichado y cercado por el fracaso, nunca fue emblema del artista, sino misteriosa excepción”.

 

La alegre risa del creador

La primera actitud podría ilustrarse con la concepción nietzscheana de la creación. La creatividad del hombre superior es, para este filósofo, una forma de danza, una forma de risa, una forma de juego. El creador es el mejor representante de la "gran salud": un ser de pies ligeros, de corazón alegre, de espíritu libre. Plenamente convencido de que "todas las cosas buenas ríen", el hombre superior es capaz de reír creativamente, pues sus obras teóricas o sus obras de arte no son más que la elaboración de esa risa con la que expresa su afirmación del mundo; una afirmación que incluye el placer y el dolor, la alegría y la desdicha: por eso precisamente es una afirmación trágica. Para el creador nietzscheano, la obra es el producto de la afirmación incondicional de la vida, afirmación que le invade, que le rebosa por los ojos y las manos; afirmación entendida como deseo de permanencia, como deseo de eternidad.

La antítesis del creador es, para Nietzsche, el sacerdote: el representante máximo de lo sucio, de lo bajo y de lo enfermo, del resentimiento triunfante sobre las pulsiones, del llanto y rechinar de dientes, del corazón pesado, los pies pesados, de lo triste, de lo rígido y lo estéril. Pero, bajo este arquetipo sacerdotal habría que situar también a todos los creadores que se nutren de la neurosis, de la angustia, del dolor; a todos los que para producir requieren la enfermedad. Desde la gran salud nietzscheana se constata con desprecio que "el dolor hace cacarear a las gallinas y a los poetas".

Esta estimulante concepción de la creatividad, ofrecida por algunos de los textos teóricos de Nietzsche, parece quedar ya cuestionada por la propia historia personal de su autor: rechazado por sus colegas de la universidad y por las mujeres como Lou Salomé, solitario y enfermo, aislado en pensiones campestres, escribiendo libros que no encontraban lectores, orgulloso e incomprendido, condenado finalmente al manicomio, Nietzsche no parece estar precisamente dotado de una gran salud. Y aunque los argumentos ad hominem se suelen considerar sospechosos, lo cierto es que su vida parece desmentir su alegre canto. A menos que se entienda que, como las obras demuestran, las circunstancias personales externas no lograron dañar la energía de su risa, la potente danza de su pensamiento, la gran salud de su espíritu.

 

El malestar de los artistas

El planteamiento opuesto tiene muchos partidarios. Para ellos, la creatividad no es otra cosa que la piedra filosofal capaz de convertir el sufrimiento en oro. El arte sería un encuentro feliz entre la angustia y la facultad de expresarla bellamente. Se elevaría a la categoría de autor quien, disponiendo del sufrimiento que produce la dificultad de vivir, fuese capaz de hacer con él algo valioso. En este sentido, la neurosis sería el mejor recurso de un espíritu fértil, pues, como Borges le hizo decir a un poeta, "mis instrumentos de trabajo son la humillación y la angustia".

Han sido muchos los artistas que han encontrado una relación de causa-efecto entre la desgracia y la creación. "Las ideas son los sucedáneos de los pesares", afirmaba Marcel Proust. Y Franz Schubert decía que "el dolor agudiza el espíritu y hace el alma más fuerte". Ahora bien, es evidente que el dolor solo puede tener un efecto tonificante si su naturaleza, su intensidad y la personalidad del que lo sufre dan como resultado una respuesta fructífera y no un hundimiento estéril. Puede entonces plantearse. la oposición entre un dolor que fortalece y otro que esteriliza. Algunos piensan que es cuestión de grados: el dolor moderado nos estimularía, mientras que el excesivo nos paralizaría; así lo ha formulado Emile Cioran: “los grandes desastres no dan nada, ni en el terreno literario ni en el religioso. Sólo las desgracias a medias son fecundas, porque pueden ser, porque son un punto de partida, mientras que un infierno demasiado perfecto es casi tan estéril como el paraíso”.

Una vez establecida la idea de que el sufrimiento es la fuente de la creatividad, sus partidarios más coherentes comenzaron a sacar conclusiones. Si el malestar es productivo, todo lo que contribuye al bienestar ha de tener, probablemente, efectos secundarios esterilizantes. Por eso, cuando al pintor Edward Munch le recomendó un amigo que intentara librarse de los conflictos que le torturaban, no dudó en responder: "Me pertenecen a mí y a mi arte. Forman parte de mí; si los eliminase, dañaría mi obra. Deseo conservar estos sufrimientos". Y también el poeta Rainer María Rilke tuvo que responder a una invitación de este tipo: la ya citada Lou Andreas Salomé, entusiasmada con la obra de Freud, le recomendó a Rilke que iniciase un psicoanálisis para destruir los demonios que le atormentaban; Con suspicacia comparable a la de Munch, Rilke rechazó el consejo argumentando que si el psicoanálisis era capaz de acabar con sus demonios, sería capaz también de destruir a sus ángeles. Sólo hubiese hecho falta un paso más para que los psicoterapeutas empezasen a recibir la visita de escritores sin ideas, pintores declinantes o músicos en crisis, que habiendo observado un claro alivio de sus molestias neuróticas, una mejoría de su estado de ánimo y un empobrecimiento de su obra, demandasen un urgente antidoto contra la curación.

Hubo también autores que llegaron a invertir el razonamiento, afirmando que si el dolor y la angustia son los estímulos de la productividad, es lógico pensar que el placer y la satisfacción sean un obstáculo para la labor intelectual o artística. Borges, por ejemplo, recuerda que “mejorando hasta la perfección una frase divulgada por Boswell, Hudson refiere que muchas veces en la vida emprendió el estudio de la metafísica, pero que siempre lo interrumpió la felicidad”. Si la felicidad es un obstáculo para el estudio de la metafísica también el simple placer puede resultar fatal para quien tiene que enfrentarse a la creación literaria. Algunos han llegado a esbozar una aritmética de los placeres y las creaciones según la cual un placer más es una creación menos. Sólo así puede entenderse, aunque no se tome en serio, la declaración de Balzac: “cada mujer con la que uno se acuesta es una novela que no escribirá”.

En esta línea, aunque con otro tipo de argumentación, se situaría la opinión de Freud: el artista sería inicialmente un frustrado próximo a la neurosis. Como todo hombre insatisfecho, se refugiaría en fantasías compensatorias de sus deseos irrealizados. Lo que le permitiría salir de la frustración sería su capacidad de expresar las fantasías, de hacerlas comunicables mediante una acertada elaboración formal. Gracias a ese talento, la secreta imaginación de un introvertido llegaría a convertirse en obras de arte, capaces de proporcionar placer a otros y, como consecuencia, capaces de proporcionar a su autor el éxito y con él los medios de gratificar sus deseos. Se cerraría así felizmente el doloroso círculo puesto en marcha por la insatisfacción.

Este planteamiento freudiano podría dar paso a la idea de que en el pasado del artista habría un ser (muchas veces un niño) rechazado y aislado por lo demás, o que al menos tendría la sensación de estarlo. La psicogénesis de la creación artística estaría vinculada a la necesidad de superar ese estado de soledad, de amargura y de carencia afectiva: en él se endurecería el carácter y se afilaría la inteligencia, el espíritu y la productividad. El sufrimiento del marginado le llevaría a desarrollar las cualidades con las que logrará, finalmente, el reconocimiento de los otros, el reencuentro y la reconciliación con los otros, la satisfacción a través de los otros. Pero de esta curiosa teoría parece volver a deducirse que el triunfo de un creador traería como consecuencia el fin de su creatividad, que el éxito sería esencialmente castrante. Y, aunque hay casos que confirman esta idea, son numerosos los que la desmienten.

 

Crear a pesar de los males y no gracias a ellos

En una conferencia impartida en el Círculo de Bellas Artes madrileño el día 15 de octubre de 1987, el célebre novelista inglés Julian Barnes realizó una dura crítica de cuantos opinan que el sufrimiento, la enfermedad y el vicio pueden ser el origen de la creación artística, haciendo una reivindicación de la salud del artista frente a las habituales apologías del "malditismo".

Recordaba Barnes que Flaubert coleccionó durante años recortes de periódicos, citas de artículos o libros y materiales análogos que le servían de documentación. Una de las carpetas en que archivaba sus materiales llevaba como título "La estupidez de los críticos".

Entre los textos conservados en esa carpeta, Barnes encontró uno sobre George Sand que le parece, efectivamente, "una de las críticas más estúpidas que jamás haya tenido el gusto de leer". En ella se intenta explicar la hostilidad de la escritora a la familia y a las normas tradicionales de su sociedad a partir del hecho de que "George Sand fuma cigarrillos todo el día, y George Sand ¡es una mujer!". Comenta Barnes que "los cigarrillos de George Sand puede que hayan sido responsables de muchas cosas, desde un olor desagradable en el salón hasta el cáncer que la mató. Pero, en lo que tiene que ver con sus opiniones, el funcionamiento de la causa y el efecto es exactamente el inverso del que el crítico suponía. Fueron sus opiniones sobre los derechos de la mujer las que la llevaron a fumar, y no el fumar lo que configuró sus opiniones".

La crítica de Barnes apunta, de este modo, a todos los intentos de buscar el origen de la creatividad artística en factores (más o menos patológicos) ajenos al talento y al esfuerzo del artista: "En una época, los médicos y los filósofos solían buscar la ubicación del alma en los órganos: en el corazón, en la glándula pituitaria, o donde fuera. Hoy día tendemos a situar el genio en la enfermedad".

"Lo que ataco, o por lo menos aquello sobre lo que soy un escéptico, es este enfoque reduccionista, la idea de que la vida de un escritor o de un pintor puede explicarse en términos de un mal, de un fallo, de una neurosis, de un episodio traumático sexual en la infancia o de que se fumen cigarrillos. Es una tendencia que, además, ha ido creciendo en el siglo veinte, en parte, sospecho, debido a la influencia del psicoanálisis".

Barnes se queja de que, habiendo publicado (por entonces) cuatro novelas, había tenido que conceder varios cientos de entrevistas, lo que le lleva a interrogarse por la razón de tantas preguntas. "Tal vez los entrevistadores buscan esa fuente secreta de dolor que sería lo que lo explicase todo. Pero yo no les puedo ayudar, yo no creo que haya nada que explicar, por lo menos creo que mi obra se explica mejor en términos de mi propia obra".

Entre los múltiples ejemplos con que Barnes apoya su postura, recoge una pregunta que le fue planteada a Gabriel García Marquez acerca de si el alarde de imaginación y fantasía que se encuentra en sus libros procede en parte de estimulantes farmacológicos. Barnes reconoce el derecho de García Marquez a señalar al entrevistador la puerta de la calle, pero se alegra de que, en lugar de hacerlo, le diese esta respuesta: "Los malos lectores me preguntan si yo me drogo cuando escribo mi obra; pero eso muestra que no saben nada ni de literatura ni de drogas. Para ser un buen escritor hay que estar totalmente lúcido en cada momento y además gozar de buena salud".

Tras refutar, con argumentos históricos y lógicos, la teoría de que el estilo del Grego procedería de su hipotético astigmatismo, Barnes formula su tesis en términos rotundos: "Yo no estoy diciendo que ningún pintor haya padecido nunca una enfermedad de la vista, ni digo que los escritores jamás fumen, beban alcohol, se droguen, padezcan enfermedades o sean neuróticos. Lo que sí digo es que trabajan a pesar de todo ello, y no debido a ello. En nuestro siglo casi hemos hecho ortodoxia el que el artista sea neurótico, enfermo o desequilibrado psicológicamente. Por supuesto que hay escritores y artistas que son paranoicos, pero en general los buenos escritores y los buenos pintores dependen de su capacidad de trabajar muy duramente, de su concentración y de una revisión constante hasta conseguir una cierta perfección. Y estas son cosas que a su vez dependen de la buena salud y de una mente limpia".

 

La creación independiente del ánimo del creador

Hay, por tanto, una gran diversidad de opiniones, reflejo de experiencias personales muy distintas, e incluso opuestas. No parece fácil encontrar un punto de referencia externo que permita confirmar o refutar unas u otras. Algunos defienden seriamente la idea de que la enfermedad, la miseria y la angustia, que convierten la existencia de los mediocres en un puro tormento, son en cambio, para los espíritus creativos, el estímulo y el instrumento esencial de su genio. Otros sostienen en cambio que, tanto para un artista como para un modesto funcionario, el malestar es tan solo obstáculo y un lastre para la vida laboral o personal.

Queda la opción de rechazar el planteamiento del problema y criticar la alternativa en que se mueven las opiniones revisadas. Podría, al menos en muchos casos, haber independencia entre la labor artística y el estado corporal o anímico de su autor.

Reconocer un carácter autónomo a la creación llevaría a pensar que las obras de arte (o las construcciones especulativas) no pueden ser reducidas a los azares naturales de la biología, a los trastornos del cuerpo o a los humores del alma. Pero también cabe ver en su génesis una expresión total del artista que, a través de asombrosos —y misteriosos— mecanismos mentales es capaz de transformar lo que ocurre en el fondo de su organismo —y de su mente— es un objeto de valor intelectual o estético. Esa alternativa es tan real que de ella han derivado dos formas opuestas de entender la estética: la formalista y la psicobiográfica. Ninguna de las dos es despreciable y ambas han producido, en manos de distintos críticos, interpretaciones brillantes o auténticas sandeces.

 

José Lázaro

Profesor de Humanidades Médicas, Departamento de Psiquiatría, Universidad Autónoma de Madrid.

Autor del libro: Vías paralelas. Vargas Llosa y Savater: un ensayo diálogos

 

 

- Dolor y goze en la creatividad -                                - Alejandra de Argos -

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Alex Katz: Biografía, Obras y Exposiciones

Exposiciones - Fri, 22/07/2022 - 12:21

La obra de Alex Katz se escapa de la aparente banalidad de su temática para analizar la relación entre la representación y lo representado; entre el color y la forma; entre la bidimensionalidad, y la tridimensionalidad. La pasión por el realismo ha marcado la trayectoria de Alex Katz. Pero hablamos de un realismo muy especial, que se aleja de la representación detallada

“Un día miré por la ventana y decidí que iba a pintar la ventana” 

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Foto: Alex Katz en el Museo Guggenheim de Bilbao. En elmundo.es

  

La pasión por el realismo ha marcado la trayectoria de Alex Katz. Pero hablamos de un realismo muy especial, que se aleja de la representación detallada y exacta de la imagen para incidir en aspectos más pictóricos que representativos. En este sentido, Katz se acerca a movimientos como el expresionismo abstracto americano, del cual se distanció consciente y explícitamente para crear un arte propio y singular. Durante su vida ha permanecido alejado de corrientes, escuelas y movimientos (entre ellos el Pop Art, con el que tantas veces han querido relacionarle), lo que le ha permitido crear una obra vasta, coherente y de enorme influencia en las siguientes generaciones de artistas. La obra de Alex Katz se caracteriza por las imágenes de personas, paisajes y escenarios plasmados en grandes planos de color, líneas recorte poderosas y una clara influencia del universo publicitario. Señalado a menudo como uno de los artistas que mejor han representado las rutinas y el ocio de la clase media norteamericana, sus obras se escapan de la aparente banalidad de su temática para analizar a fondo la relación entre la representación y lo representado; entre el color y la forma; entre la bidimensionalidad, y la tridimensionalidad.

 

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Blue Umbrella (1972). En cincodias.elpais.com

 

El arte en las venas: una pasión desde la infancia

Alex Katz nace en Nueva York en 1927, pero permanece poco tiempo en el barrio. En los albores de la Gran Depresión, su familia decide mudarse a St. Albans, una zona perteneciente a Queens que había emergido entre las dos guerras mundiales. Sus padres habían emigrado a Estados Unidos desde Rusia y conservaban una auténtica pasión por el arte en todas sus disciplinas: poesía, arte y teatro. De hecho, su madre había trabajado como actriz; este hecho la impulsó a intentar alejar a su hijo del mundo artístico, considerándolo una profesión poco estable. El padre de Alex Katz, por el contrario, le anima a seguir una carrera artística y decide matricularle en el Woodrow Wilson High School, un instituto donde las mañanas se dedicaban a la enseñanza estandarizada, mientras que por las tardes los alumnos se formaban en artes. En 1946 y a los 19 años Katz empieza a estudiar en la Cooper Union Art School de Manhattan, donde el destino le pone bajo la tutela de Morris Kantor. De su mano y junto con el resto de estudiantes entra en contacto con las vanguardias, las distintas teorías del arte y las técnicas más adecuadas para su práctica.

 

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Wildflowers in vase (1954-55). En locofineart.com

 

Ya desde sus primeras obras, fechadas a finales de los años 40, el joven artista demuestra un creciente interés por las composiciones sencillas, las formas planas y rotundas y los colores intensos. Durante sus años de aprendizaje en Manhattan Katz pinta a partir de láminas y reproducciones de artistas modernos; sin embargo, en 1949 su punto de vista epxerimentará un cambio radical. Ese año se gradúa en Cooper Union y obtiene una beca para realizar un curso de verano en la Skowhegan School for Painting and Sculpture de Maine. Es allí donde por primera vez se le impulsa a pintar al aire libre, a partir de la realidad que le rodea. Más tarde, comentará que el método au plein air de Skowhegan le daría “una razón para dedicar su vida a la pintura”. Uno de los aspectos que más le interesan de este tipo de pintura es su inmediatez, su conexión con la realidad y la libertad que le permite; cualidades que también admira en artistas tan diferentes de sí mismo como Jackson Pollock. Es entonces cuando pinta sus primeros paisajes: una temática que retomaría décadas después. S objetivo: atrapar las impresiones creadas por la luz y la energía generada por la pintura en sí, más que lograr un reflejo exacto de la realidad.

 

Los retratos. Una constante desde los años 50

 

En 1954, Alex Katz expone su obra en la Roko Gallery y comienza a crear un círculo de amistades, todas ellas relacionadas con la segunda generación de artistas pertenecientes a la Escuela de Nueva York. Entre 1955 y 1959 trabaja en el collage, siguiendo una técnica similar a la empleada por Matisse en sus últimos años: crea pequeñas composiciones (flores, figuras humanas en paisajes esquemáticos) empleando finas tiras de papel cortadas y pegadas con todo detalle. Pero Katz no se queda en el paisaje, y a mediados de los 50 prosigue con su exploración plástica. Su obsesión por la interacción entre lo reflejado y la superficie en la que se refleja, una especie de trasunto de “lo superficial y lo introspectivo”, le lleva a interesarse por el retrato.

 

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Portrait of Ada (1959). En arthive.com

 

Porque si bien no hay nada más profundo que un rostro humano, la explosión de la imaginería publicitaria de mediados del siglo XX (que tan bien supo reflejar y aprovechar el Pop Art) le da una nueva vida, más banal e intrascendente. Katz siempre se alejó de forma declarada de la estética pop, si bien está claro que su arte tiene fuertes influencias de la corriente (y viceversa). Es entonces cuando empieza a hacer retratos, centrándose sobre todo en el rostro y la figura de su mujer, Ada del Moro: será su inspiración y su musa, protagonizando cientos de lienzos que a día de hoy son mundialmente famosos. Es entonces cuando empieza a situar a sus modelos sobre fondos monocromos y vibrantes, un rasgo de estilo que anticiparía la estética pop y que se convertirá en un sello de identidad en la obra de Alex Katz.

 

Más allá de la bidimensionalidad: cut outs, color y escenografías

 

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Cut Outs de Alex KatzEn tulliehouse.co.uk

 

La apuesta que el artista hizo desde sus primeras obras en favor del realismo no supone un alejamiento de las técnicas de expresión más vanguardistas. Durante la segunda mitad de los años 50, Katz continúa profundizando en la separación entre silueta y fondo y lleva sus lienzos un paso más allá. En 1959 realiza su primer cut out, una silueta recortada de un lienzo previamente pintado y pegada luego sobre una madera recortada con la misma forma. Durante el resto de su vida continuará desarrollando este tipo de obras, que más adelante pintará directamente sobre madera y aluminio. El resultado: figuras, rostros y retratos que escapan a la bidimensionalidad y ocupan un espacio físico en el mundo real.

  

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El vestido negro (1960). En ctxt.es

  

Los primeros años 60 suponen una invasion de imágenes para la cultura occidental, y mucho más para la norteamericana. Son los años de la explosión de la publicidad y del éxito arrollador del cine y la televisión, que alcanzan hasta los últimos rincones del planeta. Al igual que los artistas del Pop Art, Katz experimenta la influencia de la publicidad y los medios de comunicación y empieza a reflejarla en sus obras. Son años de lienzos a gran escala, donde los rostros adquieren proporciones monumentales y muchas veces aparecen cortados. Los colores vibrantes se apoderan de escenas que no renuncian a la profundidad, pero que cada vez parecen más alejadas de la realidad y las leyes de la perspectiva. Al mismo tiempo, no renuncia a reflejar también la realidad social de las personas que le rodean: en sus cuadros aparecen a menudo las personas con las que se relaciona, en gran medida pertenecientes a ámbitos artísticos y literarios. En esa década Katz empieza también a diseñar escenografías y vestuario para el coreógrafo Paul Taylor, con quien continuará colaborando a lo largo de tres décadas.

 

07.The Red Smile 1963 

The red smile (1963). En vein.es

 

Fin del milenio: años de paisajes y luz

 

08. Alex Katz Lawn Party 1965 Oil on canvas 108 x 144 IN. Alex Katz. Collection of Michael Judy Ovitz

Lawn Party (1965). © Alex Katz. Colección de Michael y Judy Ovith. En ttamayo.com

 

Pasan las décadas y Katz continúa desarrollando su particular visión del realismo en pintura. Durante los años 70 prosigue con sus retratos en grupo, donde plasma a la gente que le rodea en actitud relajada, lejos de la pose y generando atención sobre el instante concreto. Las décadas finales del milenio suponen un giro a su interés por los rostros: la pintura de Katz se vuelve, en sus propias palabras, “ambiental”. Son años de grandes pinturas de paisaje que buscan generar un efecto envolvente sobre quien las contempla. Es el viejo conflicto entre fondo y superficie, que obsesiona a Katz desde sus inicios; el artista no deja de buscar nuevas formas plásticas para plasmar su inquietud. En estas pinturas los bordes se suavizan y difuminan, y la técnica pictórica cobra nuevo protagonismo. Katz también se interesa por la forma de plasmar la luz y su interacción con las siluetas, en este caso con los árboles: en el año 1986 realiza una serie de obras nocturnas que le obligan a buscar nuevos recursos. Este nuevo interés sobre el diálogo entre la luz y las ramas de los árboles se mantendrá en las décadas posteriores, apareciendo de forma regular en muchas obras realizadas por el artista en los 90 y en la primera década de los 2000.

 

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Forest. Litografía y grabado al linóleo. 2009. En moma.org.

 

 

Pintura, tecnología y plástica al servicio del arte

 

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Small Wave (2020). En ropac.net

 

Los retratos de Katz experimentan otra sutil variación en la segunda década de los 2000. A partir del 2020 los recortes se vuelven más drásticos en los rostros y los primeros planos individuales. Al mismo tiempo, empieza a realizar nuevos formatos de retrato múltiple a base de fragmentar las imágenes y colocarlas a modo de secuencia. El formato cut out responde perfectamente a esta línea de investigación: Katz sigue produciendo obra de este tipo sobre planchas de aluminio. Al igual que otros grandes artistas en constante evolución, como David Hockney, no se cierra a las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías y decide utilizar su iPhone para tomar fotografías, imprimirlas y fijarlas en collages y cut outs. Es solo el primer paso del proceso: son solo bocetos que más tarde reproducirá al óleo, en lienzos a gran escala.

 

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Flowers (2020). En ropac.net

 

Durante los últimos años Katz ha renovado el interés por la pintura al aire libre de sus inicios, reproduciendo escenas de naturaleza (flores de gran tamaño y paisajes) de parajes como Pensilvania, donde realizó una serie con más de 50 pinturas durante el verano de 2020, en plena pandemia. A día de hoy sigue viviendo en Maine, EEUU, y continúa trabajando en su obra.

 

Exposiciones

 

Give me tomorrow. Tate St. Ives, Cornwall (2012)

 

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Esta exposición reunió más de 30 piezas fundamentales de la obra de Alex Katz, incluyendo lienzos, obras gráficas y sus célebres cut outs. La galería, situada en un ámbito costero, decidió elegir como leitmotiv de la muestra las escenas de verano y playa que tan bien supo reflejar Katz: marinas, arenales, escenas de vacaciones familiares y paisajes al sol. Las obras se acompañaron de una serie de piezas propiedad de la Tate Collection, realizadas por otros artistas y elegidas por el propio artista para dialogar con su trabajo.

 

 

Paisajes. Museum Haus Konstruktiv, Zurich (2013)

 

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El Haus Konstruktiv fue el primer museo de Suiza en dedicar una gran retrospectiva a Alex Katz. Para ello el centro escogió la temática del paisaje, recurrente en la obra del pintor norteamericano. Paisajes entendidos más como territorio humano que como escenarios naturales, y que en la muestra coexistieron con distintos retratos y pinturas de figuras humanas realizados por Katz desde 1959 hasta entonces.

 

 

Aquí y ahora. Museo Guggenheim Bilbao (2015-16)

 

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35 obras mostradas “tal y como se sienten y perciben en el momento presente, ahora”. Así definieron su contenido los responsables de esta exposición, que analizó el desarrollo de los paisajes y los escenarios en la obra de Alex Katz desde sus inicios hasta la fecha. En la muestra el museo decidió dar relevancia a los paisajes por encima de los retratos, mucho más conocidos. 

 

   

Cut Outs. Galería Paul Kasmin, Nueva York (2018)

 

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Los cut outs de Alex Katx son una parte fundamental de su producción artística. Figuras recortadas y pintadas o impresas, son imágenes que escapan de la bidimensionalidad de la pared para ocupar un espacio físico en el mundo tridimensional. La exposición se centró en la investigación desarrollada por el artista acerca de las propiedades de la percepción visual y de la relevancia que adquieren las superficies cuando se convierten en figuras humanas.

 

 

Flowers. Thaddeus Ropac, Seúl (2022)

 

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En el verano de 2021, Alex Katz se dedicó a pintar flores de gran tamaño en su casa de Maine (EEUU). El objetivo: conseguir que las pinturas crearan la misma sensación que ver una flor real. La misma “brillantez”, en sus propias palabras. Al año siguiente, el Museo Thaddeus Ropac de Seúl organizó una exposición con las obras pintadas durante ese periodo.

 

   

Alex Katz. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid (2022)

 

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La exposición sobre la obra de Alex Katz organizada por el Museo Thyssen de Madrid tenía como objetivo zanjar una deuda que la ciudad tenía con el artista: inaugurar una retrospectiva de su obra. Decenas de lienzos, esculturas, grabados y cut outs del artista americano se dieron cita en las salas del centro para conformar una visión global de su obra, perfecta para redescubrir a uno de los pintores contemporáneos más influyentes de la actualidad.

 

Libros

 

Alex Katz:. Pinturas recientes (2005). Ed. Gestión Cultural y Comunicación

Este catálogo se publicó con motivo de la exposición sobre Alex Katz organizada en el año 2005 por el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga. En sus páginas es posible admirar múltiples obras del autor reproducidas a toda página, incluyendo paisajes y retratos. Un libro esencial para descubrir algunas de las últimas obras realizadas por Katz a principios del milenio, y para conocer de cerca la investigación realizada por el artista sobre sus temas plásticos más recurrentes.

  

Alex Katz: An American way of seeing (2010). VV.AA. Ed. Kerber

'Una manera de ver americana': así subtitulan sus editores este libro sobre la obra de Alex Katz, uno de los más importantes sobre el artista. Considerado un cronista fundamental de la vida moderna en Norteamérica, además de un precursor, Alex Katz se dedicó a retratar de forma expresiva y minimalista los rostros de Nueva York y sus paisajes desde la década de los 50. Sus obras son enigmas más que retratos, que a menudo interrogan en lugar de contar. El libro incluye reproducciones de obras célebres pintadas a partir de 1968, incluyendo pinturas, grabados, cut outs y obras con formato multipanel.

 

Alex Katz: Flowers (2019). Con poema de James Schuyler. Richard Gray Gallery 

La galería Richard Gray organizó en 2019 la exposición Alex Katz: Flowers, que también viajaría a Seúl. Con motivo de la muestra, los responsables decidieron publicar un catálogo que recoge las pinturas al óleo a gran escala que conformaron la selección de la muestra. Los lienzos reproducen lirios de gran tamaño, y dialogan con una serie de íntimos bocetos sobre tabla. El libro aporta una mirada más a fondo sobre el interés declarado de Katz por la pintura al aire libre, en el entorno natural. La publicación reúne las trece obras de la exposición y las acompaña del poema 'Salute', de James Schuyler.

 

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- Alex Katz: Biografía, Obras y Exposiciones -                                - Alejandra de Argos -

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